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CARLOS ULANOVSKY

La primera sede del Centro de Estudios Legales y Sociales (Cels) fue en su casa, lugar del que la dictadura secuestrara a su hija Mónica, el 14 de mayo de 1976. Emilio Mignone ayudó a constituir y dirigió por años esta ONG que empezó a funcionar en los primeros meses de 1978, en pleno gobierno militar, cuando un grupo de hombres y mujeres comenzaron a denunciar las desapariciones en el país. El periodista Mario Del Carril acaba de publicar la biografía de quien fuera una figura emblemática de la lucha por los derechos humanos en la Argentina.

El profesional de la ironía
Seguramente se hubiera reído de los que empalagaron con necrológicas almibaradas, tan protocolares como huecas. Acaso se hubiera indignado cuando usaron su nombre para defender intereses corporativos. Pero más allá de dimes y diretes, de palabras sentidas y de las otras, la muerte de Adolfo Castelo en noviembre de 2004 produjo un profundo desasosiego entre sus seres queridos y seguidores. Al mismo tiempo, abrió la puerta para comenzar a reflexionar sobre el legado de un hombre que dejó una marca distintiva en los medios. Castelo.

“El periodismo alimenta un ansia egomaníaca”
¿De qué hablamos cuando decimos “la redacción”? ¿Sabías que alguien escribe las notas anónimas en los diarios? ¿Qué es un buen periodista? ¿Se puede llorar en los baños por miedo a perder el trabajo? ¿Tenés baño en tu trabajo? ¿“Esclavita” es un apodo simpático para la nueva o expone una nueva forma de ver el Trabajo?”, escribe Lucas Funes Oliveira en la contratapa de Periodismo (17grises Editora) el nuevo libro de ficción de Sonia Budassi. Escritora y periodista oriunda de Bahía Blanca, Budassi también es editora del sello independiente de narrativa Tamarisco.

Un diariero que hace periodismo
Una vez el director de una agencia de noticias a la que había ido a pedir trabajo cuando aún estaba en primer año de periodismo, me preguntó qué experiencia tenía. Yo no pasaba los 23 años y estudiaba en la Universidad de Lomas de Zamora, y le respondí: “Comencé bien de abajo en la profesión…”. El director me escrutó con desconfianza y me inquirió si había sido picacables (un eslabón desaparecido con las teletipos). “No, no. Empecé de más abajo”, le dije. Vi que comenzaba a inquietarse el hombre cuando me recordó que en una redacción no había nada más abajo que el picacables.

Periodismo: credibilidad e imagen negativa
Las encuestas de imagen sobre gobernantes y funcionarios son moneda corriente dentro de las herramientas del análisis periodístico de todos los días. Muy de vez en cuando se realizan muestras de opinión sobre imagen y credibilidad de periodistas y medios de comunicación. Menos son las veces que son difundidas por los propios medios. Y no obtienen difusión alguna cuando no resultan favorables. Lo siguiente vale como ejemplo.
Biblioteca del Sur

El periodista acaba de publicar Redacciones. La profesión va por dentro, una crónica detallada y atrapante de casi 50 años de carrera. Pasado, presente y futuro de una profesión que nunca muere, pero siempre cambia.

La vida, aseguran, es el resultado de deseos, voluntades y decisiones. Y del implacable capricho de las circunstancias, claro. En Carlos Ulanovsky el deseo de relacionarse con el periodismo despertó a muy temprana edad. Primero leyendo todos los diarios y revistas que llegaban a su casa, poco después –mientras cursaba en el Colegio Nacional Mariano Moreno– fundando con Rodolfo Terragno la revista Orbe. La voluntad hizo que, a partir de esa experiencia y con el secundario terminado, empezara a caminar redacciones para encontrar un lugar como colaborador y finalmente como periodista estable. Las decisiones le permitieron aprender, crecer y sumar las más variadas experiencias. Y las circunstancias de la Argentina y el oficio lo ayudaron –a partir de su compromiso y capacidad– a ser parte de muchas de las redacciones más ricas e influyentes de nuestro país. El reciente lanzamiento de su libro Redacciones. La profesión va por dentro rememora esa trayectoria que lleva casi 50 años y se transforma en un paseo atrapante por el último medio siglo del periodismo en la Argentina.

Ese recorrido casi mágico y misterioso incluyó las revistas Panorama, Confirmado, Satiricón y El Porteño, los diarios La Opinión, Noticias, Clarín, Página 12, Perfil y La Nación, entre otras aventuras. En la enorme mayoría de esos medios vivió y disfrutó de ese hervidero de ideas y protagonistas que solían ser las redacciones –¿una especie en extinción?–. Sin nostalgias, Ulanovsky reivindica esas usinas de adrenalina y pasión, que reunían intelectuales, poetas y periodistas sin editores. Todos ellos –rememora el autor de Redacciones– solían convivir en un ámbito casi siempre enriquecedor, con salarios dignos y ebullición profesional. Por supuesto, no eran todas rosas. Existían los condicionamientos políticos, las personalidades tiránicas y los conflictos humanos. Pero puntualiza que la pauperización laboral y sus nefastas consecuencias profesionales recién se harían sentir sobre finales de los ’90.

Ulanovsky escribió 18 libros, muchos referidos a la historia de la radio, la TV y el periodismo argentino. Pero Redacciones. La profesión va por dentro tiene un significado especial porque retrata buena parte de su vida. “Todos los libros han tenido para mí un gran impacto emocional. Básicamente porque me exigieron mucho trabajo para escribirlos, ordenarlos y editarlos. Casi todos corresponden a un pedazo de mi vida porque invertí mucho tiempo para hacerlos. Pero en este caso en particular recordar fue una exigencia tremenda. Creo que este libro tiene como gran valor la honestidad. Es muy sincero en todos sus aspectos. A alguno podrá no gustarle algo, discutirlo, tener dudas, pero ese que está en el libro fui y soy yo”, destaca. Esa honestidad está ejercida más allá de lo declamativo y se manifiesta en reconocimientos a Bernardo Neustadt –“mucho antes de ser lobbista fue muy generosos conmigo”–, reflexiones sobre el desgaste que desde Panorama se le produjo al presidente Arturo Illia –un gobierno elegido por el voto popular, aunque con el peronismo proscripto– o el sabor agridulce de su paso por Página 12, por citar apenas algunos ejemplos.

Muy cerca de los 70 años y con la curiosidad intacta, Ulanovsky diálogo con Miradas al Sur sobre su carrera y una de las profesiones más lindas del mundo. A veces.

–Sus primeros trabajos profesionales fueron en revistas.
–Sí. Empecé en la editorial Sopena, que básicamente se dedicaba a los libros pero también publicaba revistas. Comencé colaborando en Vosotras. Las primeras notas que escribí fueron para una serie especial sobre matrimonios: una era de parejas sin hijos, otra con diferentes religiones, otra con diferencias de edad importantes… Luego pasé a Siete días y la editorial Abril. De ahí pasé a Panorama, donde conocí a Enrique Raab y Osvaldo Seiguerman, dos tipos importantes en mi vida que me enseñaron mucho. En 1964, Horacio Verbitsky me tomó para Confirmado.

Comencé preparando informes. Hacía unos tocos impresionantes de 50 o 60 hojas para cada nota. Habría tres o cuatro redactores que a partir de eso escribían las notas. De a poco me dejaron publicar y firmar con mis iniciales, y luego con el nombre completo. Ahí Verbitsky me pide que me encargue de una sección que se llamaba “reportajes insolentes”. Era ir a joder a alguien con preguntas insidiosas. Así hice una carrerita de tres años.
–Su experiencia en La Opinión con Jacobo Timerman fue compleja.
–Por entonces, los jefes toscos o mal llevados eran una cosa muy común. Pero Timerman era un caso muy particular. Convivían en él su condición de maestro y, por momentos, una enorme crueldad. Fue él quien me dijo “hacé críticas de radio y televisión como si fueran críticas de teatro”. Hoy parece normal, pero ese género por entonces no existía. Aprendí mucho con Timerman. Ese rol de crítico me transformó en un periodista agresivo. Quizás porque sufrí mucho el miedo. En el exilio, bastante después, mi cabeza cambió bastante. En un momento sentí la necesidad de ser más analítico. Me parece que era agresivo pero al mismo tiempo poco profundo y banal. Finalmente, me echaron de La Opinión bajo la acusación de haber intentado transformar el diario en una cooperativa. ¡Ese sinsentido salió escrito en una solicitada que mandó a publicar Timerman! Cuando la vi no lo podía creer.

–Usted también trabajó en Noticias, el diario de Montoneros. ¿Cómo se convivía con esa ebullición?
–No me resultó fácil. Estuve tres meses en el diario. Había una redacción de la puta madre. Pero no la pasé bien. Yo blanquee mi situación de entrada: les dije que no era un militante y me respondieron que los diarios se hacen con profesionales. Entonces entré, pero a la semana me exigían como si yo fuera un militante. En un momento dado, después de una bomba que explotó en la puerta del diario, me fui sin avisar ni pedir permiso. Para mí fue una frustración porque no pude aprovechar estar al lado de grandes del periodismo. Los recuerdos más gratos que guardo son los de Paco Urondo –que siempre tenía una sonrisa aunque estuviéramos en la situación más dramática– y Miguel Bonasso –que era el director y siempre le ponía una nota de amabilidad a la cuestión–.

Paralelo a Noticias mi cabeza era una locura: entre el ’72 y el ’74 hacía radio a la mañana, en un programa de humor con Mario Mactas y Alejandro Dolina. De ahí me iba a Satiricón, donde estuve dos años. Fue uno de los lugares donde mejor la pasé en mi vida. En un momento también nos llamaron de un área del Ministerio de Educación –que estaba manejada por Montoneros– para a hacer con Mario Mactas otro programa de radio. Dijimos que sí con esa inconsciencia que nos caracterizaba. Ese programa se llamó Ruidos en la cabeza y es el que –a la larga– me costó el exilio por una información inexacta dada por La Nación, de la que se agarró la revista El Caudillo y otras publicaciones de ultra derecha. Esas amenazas me generaron un terror espantoso, como nunca había sufrido en mi vida. Por eso con mi esposa nos fuimos del país en octubre de 1974.

–¿Cómo se tolera el exilio?
–Siempre es difícil. Primero nos quedamos como un año en México. En 1976, volvimos porque Martha, mi mujer, extrañaba mucho. Ahí hice un par de experiencias y nos volvimos a ir en abril del ’77 después que en marzo de ese año hubo otro intento de cerrar Satiricón y me enteré que habían estado preguntando por mí. Estuve hasta 1983 en México. Cuando volví al país y comencé a trabajar en Clarín.

–En el libro asegura que se recibió de periodista en Clarín. ¿Por qué?
–Fueron ochos años y la pasé extraordinario. Ahí alcancé la madurez periodística, que tiene que ver con un proceso interno y buenas condiciones de trabajo. Tengo que aclarar que por entonces Clarín no era el Grupo. Me sentía muy cómodo y me pagaban bien. Pero ahí adentro te hacían mucho la cabeza diciéndote “mirá que afuera de acá no sos nadie, no existís”. Más allá de pasarla bien, nunca abandoné ese sentimiento de infidelidad que fue permanente en mi carrera. Por eso buscaba otras cosas. Tres veces pedí licencia sin goce de sueldo para probar otras cosas. Sin irme colaboré en El Porteño y Humor. Eran pequeños escapes. Hasta que me cansé y me fui. Desde entonces acuñé y profeso la frase: “Hay vida después de Clarín”. Durante 50 años fui un lector consecuente del diario. Pero hace casi un año lo dejé de comprar. Me empezó a alterar esa tremenda exigencia de tener que decodificar prácticamente todo: los títulos, las bajadas, los textos…

–¿Por qué Página 12 no fue una experiencia feliz?
–No funcioné ahí. Tengo mis teorías, pero básicamente no me sentía cómodo. Tengo la impresión de que (Jorge) Lanata me convocó y me brindó un alto cargo, pero no me dio el poder. Tampoco es su responsabilidad. Yo no pude y no supe cómo hacerme cargo. Con el tiempo lo hablé con la dirección, necesitaba trabajar y elegí volver a ser redactor. Fui muy feliz durante ese último año y pico. Escribí como doscientas notas y después dije basta: me quedé sólo en TEA y haciendo el libro de la radio.
–La experiencia en el diario Perfil tuvo un cierre abrupto. ¿Lo definiría como una experiencia traumática?

–Totalmente. Porque aquel diario Perfil era un producto de calidad y muy plural. Todos nos quedamos con ganas de más y mucha gente sin nada de trabajo. Ahora cuando leo y escucho los pensamientos de (Jorge) Fontevecchia me digo: “Como cambia la gente”. Porque si hubo alguien perjudicado por Clarín y La Nación fue Fontevecchia. Clarín hasta apretaba a los pequeños, medianos y grandes anunciantes diciéndoles que si llegaban a pautar en Perfil les iba a quitar todo tipo de facilidades. También lo asfixiaron con el papel. En su momento Fontevecchia lo denunció, pero ahora parece que son aliados. El cierre de Perfil fue un símbolo muy fuerte. Clarín podía hacer lo que quería. Después vinieron los despidos masivos en el mismo Grupo y tantos otros medios. El piso y el techo habían bajado drásticamente. Después tuve la experiencia de La Nación, pero ya en carácter de colaborador especial de la sección espectáculos. Hice las notas que quise hacer y fui testigo de cómo se derrumbaban las condiciones de trabajo.

–Paralelamente a estos graves condicionamientos, vivimos una etapa donde muchos tabúes cayeron y los intereses de los medios están visibilizados.

–En ese sentido se ha avanzado mucho. Hoy la gente tiene una capacidad muy importante de relectura. Programas como 6-7-8 abrieron los ojos. Antes, el análisis de medios sólo quedaba para los sociólogos y ocasionalmente los periodistas. En lo profesional este clima me hizo tomar decisiones. Yo hice una elección. Trabajaba hacía tres años en radio Continental y me molestaba mucho el tono de los llamados de los oyentes. Así que elegí irme para Radio Nacional, donde ya tenía un programa los sábados. Por suerte pude y me siento muy cómodo.Tea
Escuela de periodistas. Mis viejos querían que sus hijos fueran universitarios. Intenté entrar a Medicina tres veces y reboté porque las materias exactas eran demasiado para mí. Siempre digo que les fallé a mis viejos porque no fui universitario. Pero el periodismo fue para mí siempre una fuente de aprendizaje”, confiesa. Seguramente los padres de Ulanovsky deben haber estado orgullosos de la carrera profesional de su hijo. Pero también por su rol como formador de periodistas. Ulanovsky fue uno de los fundadores del TEA (Taller Escuela Agencia), una de los centros de estudios que más profesionales dio en las últimas décadas al medio.

–Superó nuestras expectativas desde el primer año. Fue un orgullo. Disfruté de la docencia y le puse mucho esfuerzo. Creo que hicimos un aporte importante. Pero después de 10 años me agotó un poco. Sentí que era una bola imparable que impedía un trato personalizado y me fui. Gracias a TEA también pude trabajar en el La Maga, un proyecto muy rico y valioso.-

Sebastián Feijoo
Miradas del Sur 29412

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Acerca de emartinchuk

Periodista, MP 10166. Se desempeño en el área de Noticias de los canales 9, Teledos, 7 y TELEFE. Socio Fundador de la Asociación Iberamericana de Periodistas Especializados y Técnicos (AIPET) Capítulo Argentino. Fue Docente en la Cátedra de TV en la Universidad del Salvador. Fue Coordinador en el Servicio Iberamericano de Noticias con sede en Madrid,(RTVE) España. Editor del Capítulo Argentino para la Cadena Eco de México. Fue Docente, Rector en la Escuela de Periodismo Círculo de la Prensa. Edito los libros "Federalización de la información" (1995), ISBN 9508130466 "Televisión para Periodistas: un enfoque práctico".1ra Edición 2002 ISBN 9871004125 2da Edición 2007 ISBN: 9789871004126 Documentales: "Los Quilmes: la última Resistencia".(1995) http://youtu.be/Z-XWOnIHZio Idea y Producción: "Luz, cámara, red" (1996-97) http://youtu.be/PfNrBokU6m4 Colaborador en medios argentinos y del exterior sobre temas de comunicación. Editor en Noticongreso.wordpress.com, Periodismo Parlamentario en temas de Ciencia, Tecnología, Salud, Ambiente y Energía. Designado “Directivo Decano de Honor y Dignidad”, en el grado de “Magister Laudet” por la Asociación de Rectores de la República Argentina y la Asociación de Directivos Argentinos al cumplir 30 años en la docencia. Por Resolución 327-2014 la Honorable Academia Mundial de Educación ha instituído el Título Honorífico de Doctor Honoris Causa, reconociendo sus logros profesionales y su admirable trayectoria de trabajo en favor de la Educación Mundial. Como parte de la socialización del conocimiento pueden leer en cualquier sistema digital o imprimir gratis los siguientes E-Books Belgrano: Una mente brillante http://issuu.com/gaceta21/docs/belgrano/0 ISBN 9789873356087 Como Estudiar: Manual Práctico http://issuu.com/gaceta21/docs/comoestudiar ISBN 9789873348679 Ser Periodista http://issuu.com/gaceta21/docs/ser_periodista ISBN 978-987-33-7147-9

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