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Memoria, verdad y ética pública

El periodismo calló el horror, la muerte, la tortura. Su estrategia no fue la denuncia. Fue el silencio.

En la televisión de los Estados Unidos, en 1977, Videla explicó pacientemente “Debemos aceptar como una realidad que hay personas desaparecidas en Argentina. El problema no yace en ratificar o negar esta realidad, sino en conocer las razones por las cuales estas personas han de-saparecido. Han existido algunos excesos”.

Hay tres términos que se pueden entrelazar: la ética pública, el deber de informar y la memoria. Esos tres conceptos sirven para entender o resumir la historia argentina del siglo XX, sobre todo de la última parte. Sin ética pública el deber de informar se desvanece. Deja de ser un deber. Y es allí donde entra la memoria. La memoria ha venido a saldar las deudas de lo que el periodismo había callado. El pañal en la cabeza de las abuelas era el “deber de informar” a la sociedad. El periodismo calló el horror, la muerte, la tortura. Su estrategia no fue la denuncia, la palabra. Fue el silencio. El silencio hermético sobre lo que pasaba sólo era posible con una prensa encolumnada que fuera partícipe del silenciamiento del de-saparecido. Si la prensa no hubiera callado sistemáticamente años enteros de crímenes atroces, la dictadura no hubiera sido lo que fue ni hubiera habido campos de exterminio en todo Buenos Aires. Había una “prohibición de informar”, como dice Walsh en su valiente Carta a la Junta Militar, antes de su asesinato. La prensa no cumplió con el “deber de informar” sino diligentemente con la “prohibición de informar” lo que estaba pasando. Había que tener ética para informar. Y valor. Porque informar estaba prohibido. Pero parte de la prensa calló. El desaparecido es un desaparecido también de los medios que debían informar. Pero no lo hacían. Es importante destacar que también hubo una prensa durante el Proceso. Una prensa mientras existían la ESMA, el Campito y los vuelos de la muerte. Cada día que los desaparecidos eran violados o torturados o arrojados al río desde un avión salían diarios independientes en la Argentina. Había una prensa y un deber de informar silenciado. Por eso las Madres y Abuelas tuvieron que salir a la Plaza. Ellas sostuvieron el “deber de informar” lo que no se informaba: sólo ellas sostuvieron la ética. Frente a una prensa prudente, o cómplice, o callada, aparecieron las mujeres valientes, primero con pañales, después con pañuelos. Solo ellas decían lo que nadie decía. Esas mujeres le informaron a la sociedad lo que nadie más les informaba: que mataban a sus hijos. Gran parte de la prensa no hizo mucho por reconquistar la democracia. Al contrario. Se opone todavía hoy a juzgar la impunidad. La justicia es un “intento de división inesperado”. La memoria “siembra antinomias”. No recupera la identidad o el derecho. El presidente Alfonsín lo dijo en la Sociedad Rural. “Ahora silban, pero cuando venían aquí los dictadores, aplaudían muertos de miedo.” Esa frase de Alfonsín es un símbolo. Es importante defender la libertad. Pero hay que defenderla siempre.

En cualquier país serio, muchas de las palabras de Videla en el libro Disposición Final de Reato configurarían un delito: “7 mil u 8 mil personas tenían que desaparecer”, dijo Videla. Este es el libro que debería estar prohibido en las escuelas. Un libro que reivindica el Proceso. Eso, que en Alemania sería un delito penado, aquí se defiende como la verdad “completa” de la Historia frente al “relato”. Parte de la prensa defiende esto como una “verdad”. De este modo, detrás de una defensa de la libertad, se esconde la legitimación del Proceso. La apología/defensa del Proceso debiera estar prohibida por Ley. A esto se vincula la ética pública. Este es el aprendizaje que tenemos que terminar de hacer como sociedad con la memoria. Las palabras pueden ser hechos. Por eso hay que cuidarlas. Hay que pensar lo que se dice.

La prensa tiene que ser honesta. Los diarios no se miden por su éxito. Sino por la verdad de lo que afirman. Ese es su valor moral. Formamos parte de una sociedad que no se hace responsable de lo que hace. Mata, tortura, luego esconde la mano. Esa sociedad es la que llama a los críticos “conservadores” y a los que defienden la memoria, “reaccionarios”. Luchan contra la palabra. Entierran la verdad. La arrojan al río. Su palabra preferida es el cuerpo silenciado que no tiene nombre. Identidad. Palabra. Pasado. Su modelo es Floreal Avellaneda. La palabra que divide a conservadores de progresistas es la palabra impunidad. Es la palabra presente y pasado. Es la palabra memoria. La memoria nunca es conservadora. Las víctimas no son, por definición, conservadoras, porque luchan por reivindicar un derecho que no tienen. Que les es negado. Sólo el olvido (que muchos defienden) lo es. La memoria no genera “antinomias”, recupera el derecho. Periodista era Walsh, que pagó con su vida el valor de su palabra. Que ya en 1977 le dirige una carta a la Junta denunciando las desapariciones que la prensa jamás mencionaba.

Muchos medios tienen razón cuando dicen que su deber es el irrenunciable “deber de informar”. Es un deber indelegable que no admitía interrupciones. Peros. Excepciones. Desaparecidos. Por eso hace falta una ley de ética pública. No sólo para resguardar el presente. Sino para entender el pasado. Para entender qué no se dijo. Por qué se calló. Y qué hubiera dicho Jefferson de ese silencio. El miedo no es a la libertad de prensa, como cree Badeni, sino a lo que se hace (y se hizo) en nombre de la “libertad”. La paradoja es que hoy defienden la libertad de prensa, los que durante muchos años callaron su deber de informar. Los que daban clases de derecho, mientras la gente (y entre la gente, sus propios alumnos) desaparecían.

“El público suele reconocer la coherencia cuando busca información de primera, cuando busca aquellas noticias que el poder quiere ocultar.” La memoria es necesaria porque no siempre la trayectoria fue de la mano de la verdad. Basta recordar la tapa con el golpe: “Nuevo gobierno.” Los siete años de coherencia periodística donde se negaron y ocultaron sistemáticamente los desaparecidos. ¿Y el deber de informar a la sociedad? Ese deber lo asumieron valientemente las “viejas locas” de Plaza de Mayo. No los medios. No la prensa. Sino las mujeres que veían morir a sus hijos.

Por otra parte, la calidad no tiene que ver con el “rating” de un medio como sostienen desde muchos medios de prensa. El argumento del rating (la gente celebraba en los diarios el Mundial ’78 pero eso no invalida la información “sin rating” de los desaparecidos) no sirve cuando se desmerece al mismo tiempo al gobierno que se eligió por mayoría. Hay que terminar con el doble estándar de mayorías y mayorías que no cuentan. Hay mayorías sin voz. Mayorías que no llegan con su verdad a los medios. La prensa le hubiera hecho un gran servicio al país denunciando con valor los crímenes del Proceso. Pero no lo hizo.

Muchos medios viven presentando sólo “las noticias que importan y los temas que interesan”. Pero a veces las noticias que importan son las otras. Las que no se dicen porque “no interesan”. Las noticias “que no importan, que no interesan”, pueden también ser vitales. Y es allí donde la prensa encuentra su deber primero. Porque la prensa debe informar “aquellas noticias (aquellas vidas) que el poder quiere ocultar”. Si la prensa hubiera informado cuando tenía el deber vital, irrenunciable, ético, de informar lo que el poder quería ocultar, la historia argentina hubiera sido una historia mejor. O menos trágica. O distinta. Pero calló. No informó. No cumplió con su deber. Y ahora no sabe cómo justificar el silencio. La ética es el corolario de la Memoria. La memoria mira para adelante y aspira a transformar la sociedad. La ética pública es el sentido futuro de la memoria. En la Argentina hay una libertad de pensamiento que durante mucho tiempo no hubo. Por eso los jóvenes podemos exponer nuestras ideas.

Por otra parte, los argumentos para habilitar una “línea” para “denunciar” a los jóvenes que hacen política en las escuelas es similar, peligrosamente similar, a la lógica de dilaciones durante el Proceso. A la lógica de provisión, exclusión, proscripción, de la palabra. Esa forma de pensar (negar el valor de) la política costó muchas vidas. Fito Paéz tiene razón. Lo grave del pasado no es sólo la tortura en la ESMA sino todo lo que nos condujo a ese lugar. Los que “entregaban” maestros y alumnos que eran “comunistas”. Los que quieren superar ese pasado. Y los que quieren, de una u otra forma, volver a él. Hay un metamensaje en la participación política de los jóvenes y es: no queremos volver al pasado. No queremos una línea para delatar compañeros o “intromisiones” “políticas”. Este es el lenguaje del pasado.

A los progresistas y a los conservadores no los divide cualquier cosa, los divide, desde 2003, algo muy concreto: los juicios de lesa humanidad. Muchos querían tapar. Seguir tapando. Las políticas de Memoria, Verdad y Justicia prevalecieron. Van der Koy, fotografiado con Videla en la casa Rosada, dice que al gobierno –y a los jóvenes de La Cámpora– les gusta demasiado “hurgar en el sumidero de la Historia”. Y le parece un “afán curioso”. El sumidero de la Historia es importante, porque de esos escombros emerge la ética. No todos estuvieron en el mismo lugar del “sumidero”, para usar la expresión de Van der Koy. No les gusta la ética porque la ética los señala. Los desaparecidos pudieron desaparecer porque había mucha gente dispuesta a callar. Muchos no tuvieron problema en ocultar “lo que el poder quería ocultar” Las vidas que el poder ocultaba. Algunos tuvieron coraje para informar lo que el poder ocultaba. Walsh no fue a darle la mano a Videla a Casa de Gobierno. Walsh lo denunciaba en 1977 por las desapariciones. Eso es lo que debe hacer un periodista (un periodismo) comprometido con la democracia. Y con la verdad. No callar. No mentir. No dar la mano. No ocultar las noticias que el poder quiere ocultar. Las vidas que el poder se tragaba.

El congresista norteamericano Maurice Hinchey impulsa la apertura de informes en EE UU, sobre violaciones a los Derechos Humanos en nuestro país durante la dictadura militar. Hinchey piensa que los Derechos Humanos demandan un compromiso conjunto de todos los países y sectores por la verdad. No es casual que parte del periodismo, que calló durante años los crímenes más inenarrables y atroces (que fue cómplice de Videla cuando dice “procurábamos que la sociedad no supiera, no los podíamos fusilar”) se encuentre perplejo y temeroso ante la palabra “ética”. La memoria vino a decir lo que la prensa no decía. Lo que la prensa callaba. Las Madres y Abuelas pusieron de nuevo la palabra en el lugar donde no había palabras. Esas mujeres construyeron un lenguaje para la democracia.

Los que nos quieren hacer callar la boca son los mismos que se oponen y se opusieron siempre a la participación de los jóvenes en la política. Los que quieren usar a la juventud. Pero no escucharla. Que los vote. Pero no los comprometa.

Guido Croxatto

12/09/12 Tiempo Argentino

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Acerca de emartinchuk

Periodista, MP 10166. Se desempeño en el área de Noticias de los canales 9, Teledos, 7 y TELEFE. Socio Fundador de la Asociación Iberamericana de Periodistas Especializados y Técnicos (AIPET) Capítulo Argentino. Fue Docente en la Cátedra de TV en la Universidad del Salvador. Fue Coordinador en el Servicio Iberamericano de Noticias con sede en Madrid,(RTVE) España. Editor del Capítulo Argentino para la Cadena Eco de México. Fue Docente, Rector en la Escuela de Periodismo Círculo de la Prensa. Edito los libros "Federalización de la información" (1995), ISBN 9508130466 "Televisión para Periodistas: un enfoque práctico".1ra Edición 2002 ISBN 9871004125 2da Edición 2007 ISBN: 9789871004126 Documentales: "Los Quilmes: la última Resistencia".(1995) http://youtu.be/Z-XWOnIHZio Idea y Producción: "Luz, cámara, red" (1996-97) http://youtu.be/PfNrBokU6m4 Colaborador en medios argentinos y del exterior sobre temas de comunicación. Editor en Noticongreso.wordpress.com, Periodismo Parlamentario en temas de Ciencia, Tecnología, Salud, Ambiente y Energía. Designado “Directivo Decano de Honor y Dignidad”, en el grado de “Magister Laudet” por la Asociación de Rectores de la República Argentina y la Asociación de Directivos Argentinos al cumplir 30 años en la docencia. Por Resolución 327-2014 la Honorable Academia Mundial de Educación ha instituído el Título Honorífico de Doctor Honoris Causa, reconociendo sus logros profesionales y su admirable trayectoria de trabajo en favor de la Educación Mundial. Como parte de la socialización del conocimiento pueden leer en cualquier sistema digital o imprimir gratis los siguientes E-Books Belgrano: Una mente brillante http://issuu.com/gaceta21/docs/belgrano/0 ISBN 9789873356087 Como Estudiar: Manual Práctico http://issuu.com/gaceta21/docs/comoestudiar ISBN 9789873348679 Ser Periodista http://issuu.com/gaceta21/docs/ser_periodista ISBN 978-987-33-7147-9

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