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La irresistible tentación de reescribir la historia


Como dice la canción de Baglieto, “si la historia la escriben los que ganan quiere decir que hay otra historia” por tanto esa historia que nosotros conocemos (la de los centros de enseñanza, los medios de comunicación y la institucionalidad cultural) no sólo es la historia del poder sino también la de un poder cuyo antagonista ha sido el pueblo la mayor parte de las veces.

En un país como el nuestro, la Argentina, esa historia es la de la elite que supo perpetuarse casi incólume después de la independencia, la de los fueros de privilegio coloniales, las prebendas nacionales, y el status quo manejable de una democracia y una república formal, que no fuera ni tan republicana ni tan democrática que llegara a mermar sus ya iniciales privilegios. Eurocéntrica, elitista, improductiva, fraudulenta, acomodaticia y rastrera, son sólo algunos (no todos por cierto) de los adjetivos  que ayudan a definirla. La importancia de este sustrato debe ser cada día valorada en su justa dimensión (generación tras generación) ya que parece evidente que esa impronta de origen, sus características, su importancia, no merman con el paso del tiempo. No estamos hablando de un sector sin más, de algo que existe o pueda existir al margen de la realidad social y política del país y sus mayorías sociales, estamos hablando de un segmento que siempre aparece agazapado (velado, oculto) tras cada uno de los hechos nefastos de nuestro pasado (sea este lejano, próximo o inmediato). Por tanto es hora de tener una actitud clara ante este fenómeno, y más que actitud creo que queda claro que no va a haber ni democracia ni nación si no le cortamos las patas a este ciempiés tenaz de la indiferencia y la mezquindad a toda prueba.

En esta dimensión, se me ocurre, es que debemos empezar a pensar la historia y nuestra historia. El poder de la oligarquía argentina no está basado en su poder económico, ni en la capacidad de corromper y cooptar, sino que se basa en el logro primario y definitorio de haber escrito la historia y, a través de ella, de condicionar no sólo la discusión política, social, económica y hasta civilizatoria de la sociedad, sino al propio pensamiento de cada individuo que la integra, y que en el mejor de los casos (y no con poca suerte y trabajo) tendrá que despojar de todo lo que la educación formal le ha enseñado y todo aquello que la cultura oficial imperante le ha inculcado.  Por eso militante como soy desde siempre en el campo de la cultura, actor y creador sin rimbombancias pero sin pausas, siempre me he enojado con quienes pretenden cambiar la cultura, la espiritualidad (en definitiva) del hombre, sin plantearse siquiera el tema del poder: sin la toma del poder no hay posibilidad alguna de reescribir la historia, de refundar la cultura, de liberar al hombre de todo aquello que lo inhibe, lo coarta, lo empobrece y lo condena. Por eso es tan importante este momento… y dentro de este momento, el cómo nos ubicamos en relación a este poder eventual y a lo que este poder ataca. Es decir, no hay una real actitud crítica (sobre todo en este marco que intenté) sin analizar y sopesar gramo por gramo todas las circunstancias y los elementos que acuden al encuentro, al campo de batalla de esta conflagración que ya está casi en su punto más álgido. Lo importante (al menos para mí) es no perder de vista el sentido de oportunidad (no sabemos -ni podemos saber- si excepcional, único o definitivo). Si asumimos esto, empezamos también a descubrir con qué intensidad y en qué sentido debemos orientar  nuestra crítica y nuestras acciones. Faltaría decir, que en esta lucha por la legitimación, entre esas dos historias de las que hablamos al principio (la del vencedor y el vencido) la posibilidad de la derrota actúa de inmediato como fortalecimiento y potenciación de aquello que queremos desmembrar. Es decir, no es que si perdemos la oportunidad de derrotar la visión de los dominadores vamos a tener después otra oportunidad de derrotarla, es muy probable que si no podemos sustituirla mediante su refutación meticulosa y argumentada en extenso, esa visión del que nos oprime termine gracias a nuestra inoperancia derrotándonos de manera total y definitiva. Esta es la seriedad que para mi tiene este tema, y para que se sepa sin duda de lo que estoy hablando me referiré de manera ejemplar a algunos bordes, si se quiere, menores, de esta cuestión:

1) Más allá de las valoraciones, estoy seguro que podemos coincidir en que el actual gobierno ha molestado sobremanera a esta oligarquía de la que he hablado en gran parte en las líneas anteriores.

2) La visión de la historia de la oligarquía, su sentido común, sus hábitos, tics y exclusividades han sido también seriamente afectados o al menos entorpecidos de manera constante. Toda la irracionalidad de la política actual, la vulgaridad y chatura del discurso político opositor, su impotencia, su violencia y agresividad, son la muestra (creo yo) de que evidentemente, este gobierno puesto en el poder, se vislumbra desde allí como el fin de esa impunidad, de esa inviolabilidad, desde esa supremacía económica, social, política y cultural que esta oligarquía (como ya he dicho) ha traído hasta aquí desde los tiempos anteriores a la nacionalidad, a la Argentina como realidad jurídica pero, sobre todo, como realidad del ensueño. Es a todas luces evidente (y esto es una gran lección para el marxismo vulgar) que lo que  se juega hoy no es la pérdida de privilegios económicos o políticos (a los que podríamos llamar “materiales”) sino que muy por el contrario, incluso ganando más dinero durante este régimen que en los anteriores, la oligarquía no está dispuesta a perder sus prerrogativas, es más, los grupos concentrados están dispuestos a desaparecer pero no a perder uno sólo de sus privilegios. De lo que se trata aquí es de una batalla cultural sin eufemismos. La necesidad de poseer, pero no sólo de poseer, sino de poseer aquello que le debe de estar vedado a las mayorías. Esto como verán abre una inmensa puerta al estudio psicológico, no sólo ya social, económico o político. Esta psicología, esta subjetividad tan peligrosa hoy para la democracia argentina se funda en una visión liberal de la historia que ha tergiversado convenientemente (incluidas las inevitables demonizaciones de sus epígonos) nuestro pasado para dar carnadura a esta inaceptable y repudiable actitud de nuestras elites. El actual gobierno, que pertenece a la única tradición política de nuestro país que no sólo comprende la naturaleza del poder, sino que además siente una real vocación por él, ha empezado, como corresponde y era de esperar, a construir una nueva visión de la historia que, necesariamente, pasa por derrumbar sus mitos y publicitar todo aquello avergonzante que el liberalismo ha querido soterrar de manera definitiva. El problema puntual (y con esto termino) es que el kirchnerismo (actual hegemonía al seno del peronismo) al derrumbar esos mitos y reescribir la historia está cometiendo los mismo pecados que ya cometió Mitre y el liberalismo.

Hay una serie de pequeñas imprecisiones, imprecisiones que parecen insignificantes pero que no lo son, y que por tanto ya no son reescritura sino tergiversación, es decir, fraude. Una vez más nos hallamos en el extremo liberal o el revisonismo peronista pero nunca en el centro de la verdad histórica medianamente objetiva. Si bien la historia es una ciencia humanística y, por tanto, sujeta a la interpretación filosófica, no es menos cierto que los hechos se pueden interpretar pero no cambiar o desaparecer. El peronismo de hoy tiene un serio y evidente problema con Perón (sobre todo con su consecuente e irreductible anticomunismo) y no se atreve a mostrarlo en toda su dimensión, es decir, en sus aspectos fastos y nefastos, ni a terminar de decir cuál fue su elección política cuando llegó la hora de la verdad en el proceso de liberación del pueblo argentino y que al frustrarse posibilitó la larga noche del genocidio. Creo que este es el gran error del peronismo actual, porque salvar a Perón para hacerlo compatible o al menos no contradictorio con el peronismo de hoy, es condenar al peronismo a seguir repitiendo sus errores y limitaciones, pero por sobre todo de privarlo de toda su capacidad liberadora.

El auge de los nuevos historiadores del peronismo, de los nuevos y viejos revisionistas que si bien pueden y hasta tal vez deban ser rescatados del olvido no exhiben muchas veces como se pretende un pasado tan impoluto como quieren mostrar. La misma presidenta me sorprendió el otro día en un discurso tirándole de las orejas a sus historiadores por no matizar en su visión de personajes tan polémicos e importantes para la historia argentina y americana como Domingo F. Sarmiento. El tema es revisar también al revisionismo y despojarlo de sus evidentes chiquiteces de política pequeña y hasta partidaria. Hablar de Jaureche, de Scalabrini Ortíz sin hacer la genealogía de su pensamiento no deja de ser (en el mejor de los casos) una verdad contada a medias … también se puede hablar de Manuel Ugarte, Milceades Peña o Hernández Arregui (sólo por nombrar algunos), que no es pecado ni nada que se le parezca . En definitiva se trata si podemos ser capaz de apropiarnos de lo mejor de las tradiciones que queremos hoy representar y si en ese intento por desmontar el mito del liberalismo antinacional y antisocial en Argentina, somos capaces de decirle al pan, pan y al culo, culo y de paso quitarnos también nuestras propias vergüenzas y limitaciones.-

 

ARMANDO DE MAGDALENA

Acercándonos Cultura

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Acerca de emartinchuk

Periodista, MP 10166. Se desempeño en el área de Noticias de los canales 9, Teledos, 7 y TELEFE. Socio Fundador de la Asociación Iberamericana de Periodistas Especializados y Técnicos (AIPET) Capítulo Argentino. Fue Docente en la Cátedra de TV en la Universidad del Salvador. Fue Coordinador en el Servicio Iberamericano de Noticias con sede en Madrid,(RTVE) España. Editor del Capítulo Argentino para la Cadena Eco de México. Fue Docente, Rector en la Escuela de Periodismo Círculo de la Prensa. Edito los libros "Federalización de la información" (1995), ISBN 9508130466 "Televisión para Periodistas: un enfoque práctico".1ra Edición 2002 ISBN 9871004125 2da Edición 2007 ISBN: 9789871004126 Documentales: "Los Quilmes: la última Resistencia".(1995) http://youtu.be/Z-XWOnIHZio Idea y Producción: "Luz, cámara, red" (1996-97) http://youtu.be/PfNrBokU6m4 Colaborador en medios argentinos y del exterior sobre temas de comunicación. Editor en Noticongreso.wordpress.com, Periodismo Parlamentario en temas de Ciencia, Tecnología, Salud, Ambiente y Energía. Designado “Directivo Decano de Honor y Dignidad”, en el grado de “Magister Laudet” por la Asociación de Rectores de la República Argentina y la Asociación de Directivos Argentinos al cumplir 30 años en la docencia. Por Resolución 327-2014 la Honorable Academia Mundial de Educación ha instituído el Título Honorífico de Doctor Honoris Causa, reconociendo sus logros profesionales y su admirable trayectoria de trabajo en favor de la Educación Mundial. Como parte de la socialización del conocimiento pueden leer en cualquier sistema digital o imprimir gratis los siguientes E-Books Belgrano: Una mente brillante http://issuu.com/gaceta21/docs/belgrano/0 ISBN 9789873356087 Como Estudiar: Manual Práctico http://issuu.com/gaceta21/docs/comoestudiar ISBN 9789873348679 Ser Periodista http://issuu.com/gaceta21/docs/ser_periodista ISBN 978-987-33-7147-9

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