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Réquiem para un gran periodista

Nos cruzábamos en el aire, poco antes de las nueve de la noche, e improvisábamos una pequeña conversación radial de cinco o seis minutos. Gran lector y exquisito melómano, Pepe se las arreglaba igualmente para derivar nuestras charlas públicas hacia la perplejidad. No terminaba de aceptar el carácter salvaje y desaprensivo del poder, y la pasividad con que se aceptaba en la Argentina la adulteración permanente de las reglas democráticas. Una noche lo encontré amarillento y apagado. Traté de levantarle el ánimo contándole que acaba de descubrir a un gran periodista español, quizás el mejor de todos los tiempos: se llama Manuel Chavez Nogales, falleció en 1944 pero escribió entre otras obras “A sangre y fuego”, una extraordinaria crónica sobre la Guerra Civil Española que intentaba escapar al maniqueísmo de la época. “Mañana te traigo un ejemplar de regalo”, le prometí. Pepe sonrió con tristeza. Y fuera del aire me anunció que algo le estaba pasando y que había pedido una urgente consulta médica.

Transcurrieron muchos días, y nos llegó la noticia de que tenía cáncer de páncreas, que lo habían operado y que la estaba peleando como un león. Yo tenía el libro prometido y quería entregárselo en mano. Finalmente, lo hice cuando reapareció, delgadísimo y frágil algunas semanas más tarde. Chaves Nogales lo acompañó en la intimidad del dolor durante esa época intermitente, donde combinaba su cruel tratamiento con apariciones radiales desde su casa.

Yo tenía el libro prometido y quería entregárselo en mano. Finalmente, lo hice cuando reapareció, delgadísimo y frágil

La primera vez que lo vi en mi vida fue hace veintitrés años, cuando lo entrevisté para “El hombre que se inventó a sí mismo”, una biografía no autorizada que escribí sobre Bernardo Neustadt. Allí Eliaschev me contaba descarnadamente sus comienzos. Alumno del Nacional Buenos Aires, compañero y amigo de Rolando Hanglin y de Mario Sábato, pertenecía a un grupo con inquietudes: activistas políticos, poetas, escritores y hacedores de publicaciones estudiantiles. Muchachos enamorados de la política y la literatura, que hacían una pequeña revista llamada Para hoy y que planteaba la incomunicación generacional, la educación sexual y otros temas absolutamente vanguardistas. “Todo con una línea sartreana y procastrista, aunque sentíamos desprecio por la Unión Soviética”, me aseguraba. A través del padre de Hanglin conocieron a Neustadt y participaron en aquellos paneles de televisión desde donde juzgaban y ametrallaban a grandes personajes de la vida nacional. Cuando Bernardo abrió la revista Todo, en las oficinas de Cangallo y Junín, se les dio la gran oportunidad de hacer periodismo profesional. El primer sueldo de Pepe como redactor fue de 10.000 pesos.

Para el lanzamiento de la revista se hizo un ágape en el Salón Dorado del Plaza Hotel. Se había confeccionado, para la ocasión, un folleto donde cada integrante de la redacción debía presentarse y escribir lo que quisiera. En las flamantes máquinas Olivetti, Elisachev escribió una carilla y media. Neustadt, al leerla, lo mandó llamar, le dijo que estaba escrita como los dioses y que, a partir de ese momento, iba a ganar 12.000 pesos. “Me había revaluado a partir de esos simples párrafos donde un muchacho de 19 años contaba quién era, qué significa su viejo, que había fallecido ese mismo año; cómo era su novia, qué gustos tenía y cuáles eran sus libros preferidos”, recordaba. Duraron nueve meses y recibieron una indemnización cuando la revista cerró. Luego colaboró incidentalmente con “Extra”, el otro emprendimiento de Bernardo.

Varios años más tarde, y luego de muchas correrías periodísticas, Pepe fue amenazado por la Triple A y debió viajar a Venezuela y finalmente vivir su amargo exilio en los Estados Unidos. Cubrió, para una importante empresa periodística italiana, la guerra civil en Nicaragua y desde Panamá salió por primera vez para Radio Mitre comentando el suceso, a instancias de Julio Lagos. El productor del programa lo llamó más tarde y le dijo: “Pepe, nos gusta mucho tu trabajo. Vos vivís en Nueva York. ¿Querés ser nuestro corresponsal?”. Trescientos dólares por mes. Corría 1979, en la Argentina reinaba Videla, recién se ponía en marcha el satélite, no existía la CNN y Pepe Eliaschev vivía frente a las Naciones Unidas: desde su ventana fue relatando la llegada de Fidel Castro, del Papa y de Yasser Arafat. Y el éxito de aquellas transmisiones resultó espectacular e inesperado. Cuando Lagos se fue a radio El Mundo, Julio Moyano le ofreció a Pepe dos mil dólares y un pasaje a Buenos Aires para que siguiera su rutina, aunque esta vez para el programa que conducía Neustadt. “Bernardo se pegó entonces una típica calentura bernardiana -se reía Pepe-. Descubrió que yo era Gardel. Una vez dijo en Radiolandia que yo era el periodista más completo que había dado la Argentina. La rutina consistía en que me llamaba a las seis de la mañana. Yo tenía, a esa hora, el Washington Post y el New York Times leídos, y le interpretaba todo. Entrevisté así a Edward Kennedy cuando era palabra prohibida para la Junta Militar. La manera de venderme y presentarme que tenía Neustadt era maravillosa. Nadie me había presentado así”.

En las flamantes máquinas Olivetti, Elisachev escribió una carilla y media. Neustadt, al leerla, lo mandó llamar, le dijo que estaba escrita como los dioses

La esposa de Pepe viajó por aquellos días a Buenos Aires y se entrevistó con Bernardo. “No se les ocurra volver -le advirtió-. Tu marido es demasiado talentoso para trabajar en un medio como éste”. Pepe llegó en marzo. Neustadt le mandó un remise al aeropuerto, lo llevó al estudio de Mitre y lo entrevistó al aire. Salieron juntos a la calle. Bernardo, sin darle respiro, le dijo parando un taxi: “Te vas ya mismo a verlo a Fernando Marín. Vas a ser corresponsal de un programa de televisión en los Estados Unidos”.

Pepe no conocía a Marín. Fue hasta las oficinas de Corrientes y Cerrito, se presentó de parte de Neustadt y los responsables de “Videoshow” le ofrecieron cinco mil dólares, el alquiler de un departamento en Nueva York y un camarógrafo de tiempo completo para que enviara notas “calientes” desde el Primer Mundo. Esto lo convirtió en una especie de celebridad. Eliaschev aprovechaba además para tocar permanentemente el tema de los derechos humanos. Recordemos que en ese momento Radio Mitre era estatal, y que Pepe se las ingeniaba siempre para abordar asuntos peligrosos de los que no se hablaban. Todas las mañanas sonaba en su casa el teléfono y una productora de Bernardo le susurraba invariablemente al oído: “Hola, plomo. Salís al aire”. Un día de septiembre, la productora dijo: “Hola, Pepe. Hay problemas”. Neustadt tomó el tubo y le anunció: “No sé qué pasa, pero hay una traba para que salgas al aire. Dejame averiguar a ver de qué se trata”. Al segundo día, Eliaschev tomó conciencia de que había sido prohibido. Radio Mitre era manejada por el Ejército y un simple memorándum lo había dejado afuera. Viajó a Canadá para “Videoshow” y, con una excusa periodística, pidió salir en vivo desde el aeropuerto de Montreal. La idea era probar hasta dónde llegaba la prohibición. A la mañana siguiente, Enrique Llamas de Madariaga le preguntó en línea privada: “Pepe, ¿te levantaste a la mujer de algún comodoro? Acá hay un quilombo con vos impresionante”.

Bernardo no mencionó al aire la prohibición, pero habló con el general Viola y éste le dijo: “Lo que los servicios prohíben, no lo podemos tocar”. Se le achacaba a Eliaschev haber viajado a Cuba, lo cual era cierto, y que era comunista, lo que cual resultaba falso. Así terminó 1980, con un Neustadt diciendo por teléfono: “Lo siento, Pepe, todo esto me duele y perjudica”. Un día le envió una carta firmada con el seudónimo “Margarita”, en la que destacaba su “insobornable actitud frente a la libertad”.

La historia de Eliaschev es pródiga en recuerdos periodísticos y en libros testimoniales

Con la llegada de la democracia, Eliaschev regresó al país y debutó en televisión con Badía y Compañía. Para el día del periodista, en julio de 1984, ser armó una producción en la que el invitado central era Bernardo Neustadt. Para hacer un contrapunto, Eliaschev invitó a Santo Biasatti, Silvina Walger y Gabriel Levinas. Esa tarde, Bernardo entró a Canal 13 por la calle Cochabamba. Pepe lo recibió, cámara en mano, y Neustadt no reprimió el abrazo ni el entusiasmo. Luego Biasatti, Walger y Levinas lo pulverizaron por haber sido un periodista que no denunció la falta de derechos humanos ni la censura. Bernardo, golpeado y circunspecto, salió por la misma puerta por la que había entrado. “Nunca pensé que me ibas a hacer una zancadilla así”, murmuró mirando directamente a los ojos de Eliaschev, ese hijo pródigo que supuestamente lo había traicionado pero que alguna vez volvería al redil. En 1985 volvió a llamarlo a su casa. Bernardo estaba harto de levantarse tan temprano y trabajar tanto. Le confesó que su sueño sería llegar a las ocho de la mañana y que alguien arrancara a las seis. “Yo estaba en Splendid. Bernardo me proponía lo que siete años después haría con Hadad. Le dije que no, a pesar de quera tocar el cielo con las manos. No acepté una relación filial, tal como él quería. Yo, con eso, me hubiera convertido en su delfín”.

La esperada revancha de Neustadt, agotada ya aquella instancia de seducción, se produciría recién un año después, cuando en Cable a tierra Pepe salió a preguntar sobre la relación entre el tamaño del pene y el goce sexual de las mujeres, y fue atacado crudamente por todos los sectores. “Bernardo se dedicó entonces a hablar con gente diversa y a matarme -me contó-. Luego en el 88 los radicales me rajaron de ATC y cuando intenté, para defenderme un espacio de televisión, Bernardo sólo me invitó al cable, que era como jugar en el Nacional B”. En 1989, Pepe fue designado al frente de Radio Municipal. Tenía un programa semanal y un día decidió invitar a Bernardo. Era la época en que Neustadt se estaba separando. Parecía más gordo y deprimido. Olvidó viejos rencores y llegó solo, resignado al mano a mano que le proponía aquel ex redactor de la revista Todo con el que se había desencontrado a lo largo de todos aquellos años de lealtades, ingratitudes, principios y contradicciones. En un momento de la charla, Bernardo se largó a llorar. “Ante cada atardecer, me pregunto cuántos me quedan, Pepe”. A Pepe se le hizo un nudo en la garganta.

La historia de Eliaschev es pródiga en recuerdos periodísticos y en libros testimoniales. Lo que sigue es muy conocido. Fue censurado por el kirchnerismo, y cobijado por Alfredo Leuco en Le doy mi palabra. Después todos juntos recalaron en esta nueva Radio Mitre, donde lideraban el rating. El programa Esto que pasa se había transformado en un clásico. La manera en que Eliaschev era capaz de articular ideas sin la necesidad de escribirlas previamente, con elocuencia, alto nivel intelectual y una precisión milimétrica, lo volvió legendario. Se va de esta manera uno de los grandes columnistas radiales de todos los tiempos.

La muerte de un periodista talentoso nos recuerda que el verdadero talento no abunda. Pepe fue siempre crítico, y tuvo problemas con todos los gobiernos, y solo se mantuvo fiel a su oficio de ver y pensar por su cuenta

En los últimos meses, yo lo veía salteado: Pepe no conseguía asistir todas las tardes a su programa. Lo hacía dos veces por semana, y se lo notaba realmente fatigado y fatídico. Varias veces hablamos de Chaves Nogales y su reivindicación de nuestra profesión, y de la insólita y lacerante política de Estado puesta en marcha estos años para demonizarla. También del tratamiento que Pepe llevaba obedientemente a cabo día tras día. A veces lo acompañaba hasta la calle y nos abrazábamos como si fuera la última vez. Pero verdaderamente la última vez aconteció hace dos viernes, cuando se fue antes de tiempo y me sonrió de una manera especial. Sentí ternura y escalofríos. Presentí que estaba entrando en un túnel que no tenía salida. Recordé aquel pensamiento negativo que asaltaba a Bernardo: “Ante cada atardecer, me pregunto cuántos me quedan”.

La muerte de alguien querido nos recuerda nuestra propia partida. La muerte de un periodista talentoso nos recuerda que el verdadero talento no abunda. Pepe fue siempre crítico, y tuvo problemas con todos los gobiernos, y solo se mantuvo fiel a su oficio de ver y pensar por su cuenta. Al recordarlo, en esta hora final, releo a Chaves Nogales con los ojos de Eliaschev: “De mi pequeña experiencia personal, puedo decir que un hombre como yo, por insignificante que fuese, había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y los otros”.

No tengo más palabras.

Por Jorge Fernández Díaz | LA NACION

SEGUIRA HABLANDO DESDE EL SILENCIO

Estaba tan vivo y lúcido ahora que estaba tan enfermo y ya se moría que asombraba.

Pepe Eliaschev trabajó hasta el final. Hace pocos días, muy pocos, dijo en su columna diaria por su Programa Esto que Pasa:

“Cuando un país como el nuestro comienza a confundir el escándalo de conventillo con la energía militante, cuando un país como la Argentina comienza a entrelazar en un mismo mix, oscuro y espeso, la prepotencia de las consignas vacías con las políticas de Estado serias y mesuradas, es porque está en severos problemas”.

Era un hombre oral, es decir, básicamente de radio. Es decir, era un hombre de palabra. Y desde esa oralidad impecable, escribía, y daba la cara, porque supo atravesar todos los medios; radiales, televisivos, impresos, y digitales.

Y era valiente.

Un periodista exitoso puede sostenerse en el éxito por dos razones. Por tener coraje o por carecer de él. José Eliaschev tenía coraje y lo tuvo hasta el último instante. Otros, muchos, sobreviven adaptándose a los lineamientos dominantes, por ejemplo re escribiendo sus biografías guiados por la cobardía según convenga a cada época

Eliaschev no tenía vergüenza en decir las cosas como son.

Contaba públicamente que fue Bernardo Neustadt quien le ofreció su primer trabajo en la revista “Todo”.

Eliaschev y Neustadt no tenían puntos políticos en común. Pepe fue siempre un defensor de los derechos humanos.

Neustadt es un apellido cuestionado del periodismo, pero el reconocimento de Eliaschev explícito en ese punto a quien lo introdujo en ésta profesión lo sitúa en un umbral ajeno al miedo de los que prefieren parecer a ser.

Debatió desde las páginas de La Nación con Mario Vargas Llosa porque consideraba que el premio Nobel peruano era injusto y prejuicioso con el Estado de Israel. Y polemizar desde esa posición requería coraje.

Eliaschev fue el primero en denunciar desde las páginas de Perfil el pacto entre el gobierno argentino y el iraní para encubrir el atentado a la AMIA.

José “Pepe” Eliaschev fue arrojado fuera de Radio Nacional en 2005 por orden de Néstor Kirchner, por hablar cuando otros callaban . No pensó por supuesto el Presidente que la relación entre censura y creatividad puede resultar extrañamente productiva.

Eliaschev se potenció.

Fue columnista del programa “Le Doy mi Palabra”, que conduce Alfredo Leuco. Se recuerda un contrapunto histórico entre él y la inenarrable Diana Conti

Ella justificaba la acumulación de dinero del matrimonio Kirchner como una necesidad para todo aquel con pretensiones de ejercer el poder.

Y lo más sorprendente.: Azuzada por las intervenciones de Pepe se desnudo políticamente y dijo: “Yo no tengo problemas en ser estalinista”. Pepe sonrió levantó sus brazos entre sorprendido y casi divertido por el bestialismo.

Eliaschev recordó: “Stalin, 20 millones de muertos”. y repitió: “Yo no tengo problemas en ser estalinista”, firmado Diana Conti.

Es una muestra de su genio periodístico. Hacer que sea el propio entrevistado quien diga lo que es, lo que siente y lo que tiene.

Pepe Eliaschev ha muerto.

Continuará hablando desde el silencio, desde donde ya no podrá ser censurado por nadie.

Miguel Wiñazki – Clarín

Eliaschev por Eliaschev: “Me siento orgulloso de la decencia con que he vivido”

En octubre, el columnista de PERFIL y Perfil.com repasó los mejores momentos de su carrera. Galería de imágenes.

    • Por Sofía Álvarez Beroqui | 18/11/2014 | 19:51

Es fácil imaginar a aquel niño periodista de diez años, con migajas en los cachetes de leicaj (pan de miel), preparado por sus abuelas rusas, escribiendo muy concentrado en un anotador. Corría el año 1955 y sus manitos redactaban la conmoción por la caída del gobierno del presidente Juan Domingo Perón.

José Ricardo “Pepe” Eliaschevencuentra aquel primer artículo amarillento en un anotador a mano. Entre los trazos infantiles recuerda lo que ya imaginaba que sería: un cronista, alguien que contaba historias. Porque eso es lo que hacemos los periodistas, dice, contar historias.

Esos años en los que solía escribir crónicas, imitando los medios periodísticos tras leer permanentemente los diarios, fueron el origen de una pasión, que luego mantuvo en las páginas de periódicos estudiantiles del Colegio Nacional. “Ya llevaba la criatura interna del periodista, algo que con los años me ha obligado a persuadirme de que definitivamente existen las vocaciones”, recordó.

Para Eliaschev, el periodismo era una artesanía, un oficio que se aprende ejerciendo. Durante cincuenta años emprendió ese labor. “Cuando comencé, cuando se me ofreció la primera posibilidad, me dijeron ‘ése es tu escritorio’, palabras puntuales de mis jefes de entonces. Me senté en ese escritorio, lo que tenía adelante mío era una Lexicon 80. No es una vitamina, ni un producto medicinal: Lexicon 80 era el modelo de las máquinas de escribir Olivetti que usábamos los periodistas, que usamos durante décadas”, explicó durante la entrevista. “Uno colocaba a mano una hoja de papel en el carrete de la máquina y comenzaba a sacudir las teclas para escribir su texto”, siguió.

Otro Pepe. A los diecinueve años el niño ya era un joven altanero que lucía traje, corbata, y unos bigotes típicos de la época. “El papel y la máquina de escribir fueron, en ese sentido, la cuna de mi oficio de periodista. Mi inolvidable editor de aquellos años (cuando yo era alguien que pretendía haber salido de la adolescencia, pero que era un perfecto adolescente) fue Enrique Raab, luego desaparecido durante la dictadura militar. Raab se sentaba conmigo en las escaleras de aquel piso de la calle Cangallo para corregir mis originales, porque no había lugar en la redacción, que era muy pequeña. Me corregía con un lápiz rojo”, contó. “Editar en las escaleras, papel, lápiz corrector: ése era el periodismo de 1964”, resumió.

Eliaschev nunca estudió periodismo. Decía que sencillamente tuvo el don. Opinaba que antes era muy diferente la manera de hacerlo, pero que es natural el proceso de cambio. “La transición existe siempre, la vida es una transición desde que nacés hasta que morís, la historia es una transición, la política es una transición. Es irreconocible, es otro planeta, otra galaxia. Empezando por la máquina de escribir, la televisión como hoy la conocemos (en el ’64 estaba dando sus primeros pasos en blanco y negro, en materia periodística). Es el mismo oficio, la misma pasión pero en condiciones extraordinariamente diferentes. El punto de contacto es la pasión de informar, la pasión de enterarse, la pasión de poder devolverle a los otros una mirada un poco más organizada de lo que aparece como un caos cotidiano. Eso creo que sigue siendo lo mismo”, analizó.

“Las continuidades no son en sí mismas buenas o malas. Pero en particular, en el caso mío es algo bueno. Porque es demostración, no solamente de mi amor por el oficio, sino de mi constancia. Constancia que no es impuesta, no me levanto a la mañana y me digo tengo que ser constante, es natural en mi”, opinaba. Buena parte de su trabajo quedó condensada en su página web, que va a cumplir 20 años (presentada a fines de 1995) y en la que se encuentra un impresionante archivo de entrevistas, editoriales y trabajos.

Eso que pasó. La radio es el medio que marcó su carrera. En su autobiografía Me lo tenía merecido, le dedicó un capítulo titulado “Mi mejor novia”. En 1967 le llegó la oportunidad, con 22 años, de conducir un programa de 15 minutos por LS1 Radio Municipal, al que llamó ¿Y vos, quién sos?. Ese ocasional programa de entrevistas marcaría un destino. Durante la dictadura militar, exiliado, hizo corresponsalías para Radio Mitre. Trabajó también conduciendo programas de televisión, pero la radio pudo más. Consultado sobre aquellos años, recordó que en 1982 desde México se levantaba de madrugada para atender el teléfono: “Algo que nunca olvidaré por lo sabroso e inolvidable, atender en una cabina telefónica de la Avenida San Jerónimo de la Ciudad de México llamadas de la entonces Radio Argentina desde donde Fontana se comunicaba conmigo”.

Viajó, vivió en Italia, se exilió a Venezuela durante el gobierno militar, luego trabajó paraAssociated Press en Estados Unidos, finalmente vivió algunos años en México, y volvió a la Argentina con la democracia. Desarrolló un gran interés por los temas internacionales y en ese momento agradeció la presión de su padre para que estudiara inglés. A lo largo de su carrera escribió diez libros, algunos periodísticos y otros ensayísticos. Pepe Eliaschev hizo del periodismo un estilo de vida: “Ese apetito mío era la búsqueda de la verdad; la falta de temor ante los poderosos y la idea de que el mundo merece seguir teniendo periodistas, como yo quise serlo y como quiero seguir siéndolo hoy día”.

La gran muestra de su persistencia fue su programa Esto que pasa, que va a cumplir treinta años durante los cuales, pese a las dificultades y el paso por muchas emisoras, mantuvo el mismo espíritu. “El ingreso de un hombre a los 40 años siempre es un episodio fundamental. También lo fue para mí. Ese 1985 marca el nacimiento de Esto que Pasa”, reflexionó. Esto que pasa se transmite actualmente todos los días, de 19 a 21 horas en su versión por Radio Mitre, de la cual se siente orgulloso. Tiene un fuerte rasgo personal marcado por sus editoriales, y la elección musical. Porque la música era otro de sus gustos: “Yo soy romántico musicalmente hablando, me gusta la música del siglo XVIII hasta la primera mitad del siglo XX. Tengo grandes pasiones: Mendelssohn, Brahms, Schumann, obviamente Beethoven. Y anteriores Mozart, Vivaldi, Bach. Los grandes clásicos, me parece que ellos inventaron todo, y los disfruto muchísimo”.

Pero antes de llegar a esto el programa pasó por Radio Splendid, Radio Nacional, Radio Colonia, y FM Identidad.

“El 30 de diciembre de 2004, al terminar la última emisión de Esto que Pasa por Radio Nacional, recibo una llamada telefónica, de la entonces directora de la emisora, anunciándome en perfecto francés: ‘Negro, c’est fini. Se terminó. La orden viene de arriba‘. ‘Arriba’ era el Jefe de Gabinete del Gobierno, Alberto Fernández, quien había ordenado mi despido de Radio Nacional. Pero pude permanecer de pie. Pude pelear contra la adversidad y demostrar que si uno ejerce el periodismo con fe y confianza en los valores democráticos, en definitiva, los disparates de los autoritarios, son un tema menor en la crónica del tiempo”, resumió.

Sobre el último tiempo, consideraba que hay libertad para hacer periodismo. “No es algo que uno deba agradecerle a nadie, yo al menos no tengo que agradecerle a este ni a ningún gobierno. Es un legítimo derecho ciudadano. Lo que si hay es un clima amenazante, intimidatorio de parte del gobierno”, aclaró.

El cáncer como noticia. La foto que ilustra su programa diario en la página web de radio Mitre ya no parece del mismo hombre. El pelo más canoso, los rasgos marcados por la pérdida de peso…

Durante mayo debió ausentarse, a su pesar, de su trabajo en radio Mitre y en Perfil. A su regreso dedicó algunas palabras a sus oyentes y lectores:

“Los periodistas tenemos que informar, con palabras, con letras, con nuestro hermoso idioma, con la herramienta del castellano. Sí, efectivamente, quiero que lo sepan: me han sacado el páncreas y la vesícula. No es una operación sencilla. Quiero decirles que la recuperación mía va a ser progresiva. Ustedes me están escuchando telefónicamente hoy, me siento relativamente bien, dentro de la complejidad del cuadro; no tuve complicaciones, no hubo agravamientos. Por el contrario: me siento íntegro, pero… ¡muy magullado! Debo confesarles que, tras 50 años de oficio (porque comencé a ejercerlo allá por agosto de 1964) de alguna manera es como si el cuerpo hubiera dicho “un momento, todo bien con el periodismo, con el amor por la Argentina y su gente, pero el cuerpo tiene sus límites”, contó en ese momento.

“Claro que la perspectiva de muerte asusta. Por supuesto que la enfermedad asusta. Los seres humanos tenemos que ser, en ese sentido, muy directos, no digo valientes, pero sí muy frontales. El susto y la inseguridad disminuyen cuando uno se encuentra tan contenido, tan lleno de amor. Sin amor no se va a ninguna parte y yo soy en ese sentido muy afortunado, porque tengo ese amor y lo recibo a raudales. Soy un hombre que ejerce el periodismo hace 50 años. Me siento orgulloso de la decencia con que los he vivido y de mi apego a la noción ética de este oficio”, sentenció el periodista.

Las complicaciones en su salud no sólo cambiaron su aspecto, sino también su perspectiva de la vida: “La vida es imperfecta, es incomprensible, es misteriosa. Yo me caí, me di una piña importante y me estoy levantando”. “Viví toda mi vida como si no me jubilaría nunca, y yo no creo que termine de hacerlo nunca. Sí aflojar un poquito con el trabajo, cosa que este año tuve que hacer a la fuerza. En el sentido de reducir un poco la cuota de trabajo, un poco”, confesó.

“Esta profesión, que para mí no es otra cosa que un oficio, requiere de trabajo, y yo, en ese sentido, no tengo dudas en reivindicarme como una persona laboriosa. Requiere de continuidad, sin desmayos, sin desfallecer, mantener una curiosidad intacta como periodista; todo lo que sucede en el mundo y en mi país me importa y me suscita asombro como el primer día. Pero también es un oficio que tal y como lo he encarado, ha implicado una soledad grande. Ha sido la soledad de la independencia, la soledad de un orgullo a veces excesivo, pero sin el cual es imposible dar testimonio de veracidad en todo lo que uno hace. Hay que atreverse a recorrer los caminos de la soledad si uno quiere, en algún momento, poder mirarse al espejo y ver en sus propios ojos la percepción de una vida vivida con dignidad”, admitió.

Hacía el final de la entrevista, se le pidió que posara para tomarle algunas fotografías. Tomó un libro que tenía sobre el escritorio y lo abrió aleatoriamente con concentración. Tras unos segundos, preguntó: “¿Tengo que mirar a la cámara?”. En él todavía había algo del niño periodista, de aquel joven arrogante, que se transformó en un hombre orgulloso de su tarea pero también con una sombra de tristeza, como todo aquél que guarda recuerdos. “Nunca un ser humano es un solo ser humano, ¿no? Encima si uno es de Géminis, somos varios. Somos una especie de consejo de administración”, dijo mientras miraba a la cámara

 

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Acerca de emartinchuk

Periodista, MP 10166. Se desempeño en el área de Noticias de los canales 9, Teledos, 7 y TELEFE. Socio Fundador de la Asociación Iberamericana de Periodistas Especializados y Técnicos (AIPET) Capítulo Argentino. Fue Docente en la Cátedra de TV en la Universidad del Salvador. Fue Coordinador en el Servicio Iberamericano de Noticias con sede en Madrid,(RTVE) España. Editor del Capítulo Argentino para la Cadena Eco de México. Fue Docente, Rector en la Escuela de Periodismo Círculo de la Prensa. Edito los libros "Federalización de la información" (1995), ISBN 9508130466 "Televisión para Periodistas: un enfoque práctico".1ra Edición 2002 ISBN 9871004125 2da Edición 2007 ISBN: 9789871004126 Documentales: "Los Quilmes: la última Resistencia".(1995) http://youtu.be/Z-XWOnIHZio Idea y Producción: "Luz, cámara, red" (1996-97) http://youtu.be/PfNrBokU6m4 Colaborador en medios argentinos y del exterior sobre temas de comunicación. Editor en Noticongreso.wordpress.com, Periodismo Parlamentario en temas de Ciencia, Tecnología, Salud, Ambiente y Energía. Designado “Directivo Decano de Honor y Dignidad”, en el grado de “Magister Laudet” por la Asociación de Rectores de la República Argentina y la Asociación de Directivos Argentinos al cumplir 30 años en la docencia. Por Resolución 327-2014 la Honorable Academia Mundial de Educación ha instituído el Título Honorífico de Doctor Honoris Causa, reconociendo sus logros profesionales y su admirable trayectoria de trabajo en favor de la Educación Mundial. Como parte de la socialización del conocimiento pueden leer en cualquier sistema digital o imprimir gratis los siguientes E-Books Belgrano: Una mente brillante http://issuu.com/gaceta21/docs/belgrano/0 ISBN 9789873356087 Como Estudiar: Manual Práctico http://issuu.com/gaceta21/docs/comoestudiar ISBN 9789873348679 Ser Periodista http://issuu.com/gaceta21/docs/ser_periodista ISBN 978-987-33-7147-9

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