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Periodistas en la banquina

Ha llegado otro Día del Periodista pero, al igual que desde hace años, “no hay nada para festejar”, como decían nuestros antepasados. La “grieta”, el “abismo”, entre los que defienden muchas veces puerilmente al gobierno y los que lo observan puntillosamente, está presente y no hay atisbos de que se cierre por mucho tiempo. El kichner-cristinismo ha profundizado el desentendimiento y la falta de diálogo con los responsables de informar, a quienes ha maltratado en público usando el atril presidencial o cualquier otra oportunidad que se le presentara. A falta de opositores que le digan al poder las cosas por su nombre, eligió a los medios de comunicación de cualquier tipo y color con una mirada crítica como sus enemigos reales y potenciales. Ha favorecido con publicidad oficial millonaria la creación de medios de comunicación incluso de escasísimo tiraje o repercusión, pero no se conforma con ello.

Por supuesto que siempre hubo tensión entre los que están sentados en la Casa Rosa y el periodismo. Hipólito Yrigoyen, en su segunda Presidencia, hizo caso omiso de las denuncias de corrupción que elevaba la prensa a partir de 1928 y que concluyeron en el golpe de Estado de José Félix Uriburu en 1930. Luego de ese momento dramático, no se pudo probar que la corrupción hubiera existido en su gestión. Alguno de sus hombres muy cercanos terminó sus días vendiendo ballenitas y pañuelos en las calles céntricas de Buenos Aires.

Pero nunca se llegó a la realidad de estos días. En los gobiernos militares se censuraba, se controlaba, se vigilaba y se mataba (cuando el perseguido mantenía vínculos con la guerrilla) pero nunca se les echó en cara a los periodistas ser la causa de las crisis, como ahora. Alfonsín vivió en algunos momentos crispado porque no sabía como separar las visiones pesimistas de algunos ante la herencia económica decrépita que heredó y su no resolución más el desastre energético. Hasta lo sacaron a Tato dos años de la televisión. Y algunos jefes de Prensa de Ministerios protestaban porque en los medios oficiales se les ocurría dar espacio a los opositores. Incluso su administración financió un medio gráfico, “El Ciudadano” que se encargaba de “escrachar” a periodistas no condescendientes.

Menem tampoco tuvo paciencia, también se sintió herido y apeló a los Tribunales para tapar con juicios a quienes mostraban los ejemplos de corrupción. Imposibilitados de defenderse en el mano a mano los profesionales crearon la asociación Periodistas que con el tiempo y ya en la etapa kirchnerista desapareció por distintos motivos. En la implosión hubo un hecho -si se había practicado censura o no a un periodista en el diario Página 12- que llevó a una polémica entre los integrantes de la institución. Y a ello se sumó el rostro de la “grieta”, el recorte de publicidad a los medios no-oficialistas y el uso de las “carpetas de antecedentes” de los colegas. Y sanseacabó.

Todo el equipo que rodea a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner desprecia al periodismo. Para ellos simplemente deberían actuar como en tiempos feudales de la política. O sea, llevar los partes oficiales a diarios y sitios en Internet y publicarlos textualmente, como única información válida. Toda observación criteriosa a los actos de gobierno es considerada maliciosa. Jorge Capitanich, cuando ejerció como Jefe de Gabinete, imitó al presidente Correa de Ecuador y rompió en pedazos el ejemplar de un matutino. El Secretario de Comercio Guillermo Moreno hizo uso y abuso de matonismo con empresas periodísticas, en un estilo se diría -para ser suave- salvaje.

En los últimos años, precisamente por esa concepción adversa al oficio, la presidenta hace uso y por momentos demasiado abuso de la Cadena Oficial, a cualquier hora, cuando se le ocurre, con cualquier pretexto, así sea una inauguración que no sobresale. Un uso que no tiene antecedentes históricos, porque la Cadena Oficial sólo ha sido considerada en momentos claves y en situaciones decisivas para el destino nacional. Su respuesta frente a la crítica de los medios por esa extralimitación es que la prensa no recoge la opinión del poder. Ergo: ella usa el micrófono cuando quiere.

Como bien se ha dicho, es un estilo populista de visualización de la prensa. El gobierno se considera “representante del pueblo”, o “asume la voz del pueblo” y todo lo que lo contradiga es un acto destituyente, destructivo. No se diferencia mucho de lo que hacen los presidentes de Ecuador y Venezuela o de cualquier otra administración totalitaria en el mundo.

Pero sí de Brasil y Chile. En base a investigaciones periodísticas la presidenta Dilma Roussef ha conseguido elementos para echar a muchos funcionarios por corrupción, incluyendo ente ellos ministros y otros personajes importantes del Partido dominante. En Chile la prensa actúa sin miramientos y también ha sacado a la superficie casos de corrupcióninaceptables que acorralaron a la presidenta Bachelet, la misma que había entrado al Palacio Quemado con una gran aprobación pública.

Por supuesto que esta gestión política cristinista no es dictatorial, pero se le parece. Los que criticamos no vamos a la cárcel, no nos cobran multa. Pero nuestra voz es acallada, vilipendiada y considerada enemiga peligrosa y destituyente. Vigilan los mails de los periodistas, los presionan de muchas maneras, les mandan mensajes mafiosos de venganza, estén donde estén. En las provincias, donde imperan regímenes muy verticalistas, la situación empeora, porque los periodistas están más expuestos a que “alguien” (se intuye quien puede ser) mande matones para castigar, queme automóviles, tirotee los domicilios, pinte maldiciones en la puerta de las casas particulares o directamente amenace con cobrarse sus vidas.

El momento se cruza con otra realidad que presiona. Las formas de la comunicación están cambiando. Los diarios pierden lectores, en general jóvenes, y triunfan los medios por Internet, de lectura amplia y fácil. De ninguna manera es el final de los diarios, pero surgen nuevos estilos, nuevas posibilidades. El oficio mismo del periodista ha cambiado.

No hace muchos años era un trabajo reconocido, jerarquizado y estaba en el centro del elogio de la opinión pública como un oficio necesario para vigilar y poner límites.

Un maestro de esta profesión, ya fallecido, Tomás Eloy Martínez, escribió a modo de legado: “El periodismo no es un circo para exhibirse, ni un tribunal para juzgar, ni una asesoría para gobernantes ineptos o vacilantes, sino un instrumento de información, una herramienta para pensar, para crear, para ayudar al hombre en su eterno combate por una vida más digna y menos injusta”.

Que así sea.

Daniel Muchnik

“Sobre la libertad de escribir”

Con este título comienza un escrito que Mariano Moreno publicó en la Gaceta de Buenos Aires el 21 de junio de 1810. Había pasado casi un mes desde la instauración del primer gobierno patrio, y Moreno ya comenzaba a llamar la atención sobre la importancia crucial que tenía el tema de la libertad de expresión. El país daba los primeros pasos hacia la independencia total, lo cual se iba a lograr en 1816, y uno de los principios fundamentales que se debían consagrar (además de la conformación de los órganos de gobierno y la elección de sus representantes) era el de la libertad de opinión. Las colonias españolas habían estado sometidas durante siglos a un estricto régimen de control de prensa, razón por la cual si realmente se quería establecer una ruptura con el pasado, se debía garantizar la libre discusión de ideas en todo el territorio de lo que fuera, hasta ese momento, el Virreinato del Río de la Plata. En su alegato, Moreno sostuvo que el uso monopólico del derecho a la publicación de periódicos y libros, había servido para que los pueblos se mantuvieran ignorantes y esclavizados durante generaciones, y se preguntaba si una ley que consagrara la libertad de prensa “¿no sería la obra más aceptable a la humanidad, porque la pondría a cubierto de la opresora esclavitud de sus preocupaciones, al dar ensanche y libertad a los escritores públicos para que las atacasen a viva fuerza, y sin compasión alguna?”

Mariano Moreno representaba al sector más radicalizado de los hombres que encabezaron nuestro proceso de emancipación nacional. Por esta razón, era también quien buscaba con más ahínco desterrar todo vestigio del antiguo régimen, siendo su oposición a mantener el tratamiento honorífico a las nuevas autoridades gubernamentales uno de los hechos que más resonancia tuvo por aquellos días (ver su escrito sobre Supresión de los honores del Presidente, publicado en la Gaceta de Buenos Aires el 8 de diciembre de 1810). Este tipo de posturas lo llevó a ser mirado cada vez con más recelo por parte del sector  conservador dentro del gobierno, liderado por Cornelio Saavedra, quien poco a poco logró neutralizar la influencia de Moreno en la Junta Grande, razón por la cual finalmente decide alejarse del gobierno, y emprende una misión diplomática por Brasil y Europa con el objetivo de conseguir, para el gobierno patrio, el reconocimiento de las potencias extranjeras. Lamentablemente, nunca llegaría a cumplir su misión ya que murió en alta mar, al poco de partir desde Río de Janeiro, el 4 de marzo de 1811.

De todos modos, en los escasos meses en los que participó del gobierno, Moreno logró dejar una huella imborrable en la historia nacional. Desde la Gaceta de Buenos Aires, periódico que fundó el 7 de junio de 1810 y cuyo lema era “Tiempos de rara felicidad, aquellos en los cuales se puede sentir lo que se desea y es lícito decirlo“, impulsó como primera medida la idea de poder escribir sin reparos todo aquello que uno pensara. Por ello, en el artículo al que hacemos referencia en esta columna decía: “Dése acceso a la verdad y a la introducción de las luces y de la ilustración: no se reprima la inocente libertad de pensar en asuntos del interés universal; no creamos que con ella se atacará jamás impunemente al mérito y la virtud, porque hablando por sí mismos en su favor y teniendo siempre por árbitro imparcial al pueblo, se reducirán a polvo los escritos de los que, indignamente, osasen atacarles. La verdad, como la virtud, tienen en sí mismas su más incontestable apología; a fuerza de discutirlas y ventilarlas aparecen en todo su esplendor y brillo: si se oponen restricciones al discurso, vegetará el espíritu como la materia; y el error, la mentira, la preocupación, el fanatismo y el embrutecimiento, harán la divisa de los pueblos, y causarán para siempre su abatimiento, su ruina y su miseria.”

El primer paso para vivir en un verdadero sistema republicano consiste en garantizar la libertad de expresión para todo el mundo. Como sostuvo el autor inglés John Stuart Mill en su obra On Liberty: “Si toda la humanidad, menos una persona, fuera de una misma opinión, y esta persona fuera de opinión contraria, la humanidad sería tan injusta impidiendo que hablase como ella misma lo sería si teniendo poder bastante impidiera que hablara la humanidad… [ya que] si la opinión es verdadera se les priva de la oportunidad de cambiar el error por la verdad; y si es errónea, pierden lo que es un beneficio no menos importante: la más clara percepción y la impresión más viva de la verdad, producida por su colisión con el error”.

En este sentido, los que callan a las voces disidentes pierden la oportunidad de acercarse al conocimiento de la verdad, porque piensan que ellos mismos son los únicos detentadores de la misma. Stuart Mill sostuvo que “negarse a oír una opinión, porque se está seguro de que es falsa, equivale a afirmar que la verdad que se posee es la verdad absoluta. Toda negativa a una discusión implica una presunción de infalibilidad.” Lamentablemente, esto último parecería ser la idea que predomina en nuestro país en las actuales circunstancias. La soberbia del poder, conseguido con mayorías circunstanciales y perentorias, suele confundir a los gobernantes, que creen que “sus verdades absolutas” durarán por siempre sin poder apreciar que en un futuro no muy lejano serán ellos mismos los que estarán clamando por sus derechos a expresarse libremente. En este sentido, sería importante que todos pudiéramos comprender que una opinión diferente es solamente el resultado natural de los gustos diversos que tenemos las personas, además del ejercicio de un derecho básico como es el de discrepar con la opinión de los demás. Eso no nos convierte en mejores o peores personas, ni en enemigos. Es una paradoja de nuestros tiempos que por un lado se hacen grandes manifestaciones en defensa de los derechos a ser diferentes y por otro lado se ataca a aquellos que se atreven a manifestar una opinión distinta a la de los demás. Es en beneficio de todos garantizar el derecho a la libertad de expresión.

Alejandro Gómez

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Acerca de emartinchuk

Periodista, MP 10166. Se desempeño en el área de Noticias de los canales 9, Teledos, 7 y TELEFE. Socio Fundador de la Asociación Iberamericana de Periodistas Especializados y Técnicos (AIPET) Capítulo Argentino. Fue Docente en la Cátedra de TV en la Universidad del Salvador. Fue Coordinador en el Servicio Iberamericano de Noticias con sede en Madrid,(RTVE) España. Editor del Capítulo Argentino para la Cadena Eco de México. Fue Docente, Rector en la Escuela de Periodismo Círculo de la Prensa. Edito los libros "Federalización de la información" (1995), ISBN 9508130466 "Televisión para Periodistas: un enfoque práctico".1ra Edición 2002 ISBN 9871004125 2da Edición 2007 ISBN: 9789871004126 Documentales: "Los Quilmes: la última Resistencia".(1995) http://youtu.be/Z-XWOnIHZio Idea y Producción: "Luz, cámara, red" (1996-97) http://youtu.be/PfNrBokU6m4 Colaborador en medios argentinos y del exterior sobre temas de comunicación. Editor en Noticongreso.wordpress.com, Periodismo Parlamentario en temas de Ciencia, Tecnología, Salud, Ambiente y Energía. Designado “Directivo Decano de Honor y Dignidad”, en el grado de “Magister Laudet” por la Asociación de Rectores de la República Argentina y la Asociación de Directivos Argentinos al cumplir 30 años en la docencia. Por Resolución 327-2014 la Honorable Academia Mundial de Educación ha instituído el Título Honorífico de Doctor Honoris Causa, reconociendo sus logros profesionales y su admirable trayectoria de trabajo en favor de la Educación Mundial. Como parte de la socialización del conocimiento pueden leer en cualquier sistema digital o imprimir gratis los siguientes E-Books Belgrano: Una mente brillante http://issuu.com/gaceta21/docs/belgrano/0 ISBN 9789873356087 Como Estudiar: Manual Práctico http://issuu.com/gaceta21/docs/comoestudiar ISBN 9789873348679 Ser Periodista http://issuu.com/gaceta21/docs/ser_periodista ISBN 978-987-33-7147-9

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